La noche como testigo de lo ocurrido, el día como vigilante de los deseos; los roces eran pronunciados y las miradas altivas sugiriendo pero a la vez ocultándose detrás de una sonrisa tímida y en un cambio de conversación.
Su cuello, la forma de cruzar sus piernas, de caminar dándote la espalda de regresar viéndote a los ojos.
Hay muchas cosas que jamás podrán borrarse de ninguna de las memorias presentes, solo te diviertes creyendo que algo ha cambiado, pero sabes bien que el absurdo de su cobardía y falta de carácter, jamás podrá confundirse con el paso de los años.
Así que aunque vuelva a tu lado a seguir la conversación pendiente, sabes que las palabras siempre mienten y las acciones, por lo menos las suyas, son tan válidas como un orgasmo fingido.
La noche como testigo te ha enseñado el otro lado del placer, cuando solo se miente....
viernes, 14 de diciembre de 2012
domingo, 9 de diciembre de 2012
|improbable-imposible|
Aún te hacía falta el detalle de los aretes, todo lo demás estaba listo, vestido, zapatos, ya habías decido el peinado y asistido a las pruebas de maquillaje necesarias para que todo combinara hasta con la decoración misma.
Faltaban algunos días y esa tarde estabas libre, no reuniones, no citas, ninguna tarea aparecía en tu siempre saturada agenda, caminaste por el camellón lleno de pasto y árboles de colores sutiles que te envolvían en una nostalgia particular, pasaste por el café de la esquina que hace mucho no tomabas pues habías cambiado de rumbos.
Era invierno pero siempre te adaptaste mejor a las bajas temperaturas que a las altas, pues te era más fácil abrigarte el alma que destapar tus sentimientos (siempre te lo reclamaron, por eso huyeron, y quizá hasta por eso ya no había marcha atrás).
Una tienda llamó tu atención por sus colores sombríos, porque no había mucha gente y por la linda sonrisa del portero, alguna de las estaciones de Vivaldi sonaba de manera delicada pero perceptible, al instante los viste, unos aretes tan parecidos a unos que solías tener muchos años atrás pero en un arrebato de loquera (como los que te caracterizan desde siempre y bien sabes que ahora, como nunca), deshiciste el par.
El par anterior lo perdiste a propósito con la firme intención y absoluta creencia que uno de tus libros favoritos se haría realidad y así tú encontrarías una llave, y en un café estaría él sentado con tu arete en la mano y tu llegarías con su llave y el cuento continuaría dentro o fuera del libro de sus vidas...
Sin preguntar el precio pediste que te los mostraran, afuera estaba ya oscuro, preguntaste si podías probártelos, te los pusiste y frente a un pequeño espejo redondo comenzaste a observar su caída, como se veían en compañía con tu rostro y cabello... eran los indicados.
La ventana más grande de la tienda daba hacía la calle y la vista era particularmente quieta, además la luna que empezaba a marear la ciudad con su intensa luz y maravillosa redondez y blancura, te petrificó por completo, te quedaste observando y sin darte cuenta regresaste los aretes a su caja y el empleado los guardó de regreso a su lugar.
Saliste lentamente y en la acera de afuera de la tienda quedaste quieta observando esa luna abrumadora para tus sentimientos, el corazón te dolía sólo te preguntabas dónde, quién, porqué tuvo que haber sido así; pues sin importar la manera jamás estaría de nuevo en tu vida... sin darte cuenta tus ojos eran más que cristalinos, el alma se te paralizó y después de muchos años, pudiste aceptar que lo extrañabas, siempre lo habías hecho... te quedaste amándolo y aunque se lo hiciste saber no supiste cómo.
Regresaste sin fuerzas ni inquietudes a la tienda, habías dejado la bufanda y creías necesitarla como si eso pudiese calentarte el alma.
Al llegar el empleado del mostrador te da la bufanda y te agradece por la compra; tu cara de desconcierto le hace entender tu extrañeza, te dice el caballero que acababa de salir los había dejado pagados y con una nota "Algunas noches cuando me dirijo a casa la luna me mira, la misma luna que tiempo atrás fue testigo mudo de todo lo ocurrido, me sigue por donde voy, la miro, recuerdo y me pregunto... ahora sé la respuesta."
Eso era imposible, improbable... pediste el voucher y al leer el nombre quedaste fría y sin aliento.
Habías decido ya, en esa acera, que simplemente no podías continuar así, preferías tener que volar sin rumbo fijo siendo la luna la que te guíe a algún destino donde estuviera pudiese o no estar él... aunque te consumieras la vida en ello, pero aunque nunca te lo pidió tú lo estás esperando.
Saliste corriendo e intentaste encontrarlo, corriste lo más rápido que pudiste en dirección hacía donde el empleado de la tienda te dijo se había ido, llorabas, no pensabas, tenías los aretes en la mano, su último beso aún en tus labios deseando revivirlo...esa noche aún no era la tuya.
Desde entonces jamás cambias de aretes....
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