viernes, 10 de mayo de 2013

[BïâS]


Mi vuelo salía un jueves por la noche, y llegaba alrededor de las 9 am del viernes, estaba renuente en tener que volar de esa manera, pero al final decidí hacerlo, para visitar a esa especial y admirable humanidad... siempre es valorado que te visiten cuando estás fuera de tu hogar inicial.
Ni siquiera estaba consciente de lo que haría recordarme ni sentir aquel momento cuando escuchas al piloto decir la hora local y el clima, alguien me esperaba de eso no había duda, pero era alguien totalmente diferente.
Por unos minutos me encerré en el baño para darme fuerzas, ánimos y tranquilizar mi agitada respiración, me era demasiado absurdo volver ahí y permitir la sensación peculiarmente no grata de los aeropuertos.
Se abren las puertas de llegada, saludos, abrazos, buena vibra, regalos, nos subimos al carro seguimos conversando, riendo, todo efusivo, aunque a veces me perdía en el paisaje.
Hablamos hasta llegar a su casa entre Providencia y Las Condes, dejamos las maletas, me di un baño y salimos a almorzar algo, yo moría de hambre.
Ese día comí un poco de arollado huaso, pebre (no tan bueno), un Undurraga espumante Nature (nada que ver con la comida, pero aquí no es caro así que aprovechamos), sopaipillas, una chorrillana que no pude terminar y lo que se atravesara.
Pasamos por General Holley y sin darme cuenta, de repente estaba frente al "2284... no puedo ni escribir la sensación extraña, tranquilizadora, emotiva, agitante de ese momento; ya habían pasado bastantes años y era un hecho que no lo recordaba como si fuera ayer, pero los pocos flashazos hacían sus estragos, de la mejor manera.
De vuelta a su casa  le dije que debía hacer algo, que no se preocupara pues regresaría a tiempo. 
Los 3 rombitos rojos habían crecido desde la última vez, pero aún era Tobalaba-Baquedano- La Florida. Al llegar tomé el colectivo y llegué a la calle.
Con la idea de si recordaba el teléfono marcaría, sino, sólo pasaría por enfrente y seguiría sin tocar el timbre... pero al final ni siquiera intenté recordarlo, cuando menos vi estaba afuera del portón sin más que pensar y en ese estado bloqueante toqué y espere (ni idea cuanto tiempo), no había auto, ni movimiento, toqué de nuevo y regresé por donde vine.
Qué hubiera dicho... la verdad es que el hubiera no existe, pero creo que esperaba sonreirles y hacerle saber a esas personas distinguibles en mi vida, lo mucho que sin importar las malas decisiones, peores comportamientos, ni emociones mal formadas, los seguiría apreciando y recordando con gusto, siempre.
De regreso en el metro, sonreía sin control, un chico lindo de 1.80 me preguntó de dónde era, le contesté "de México" y dijo algo así como "El chavo del ocho, el tequila, y café tacvba", sonreí aún más.
Me preguntó que hacía en Santiago, y le contesté que estaba de paso, me invitó a un pub y a enseñarme su ciudad, mis ojos brillaron y reía sin censura .. le dije mordiéndome los labios de la risa de nervios, creo: "En serio eres lindo y créeme que te agradezco la invitación pero ya confié en un chileno antes que me enseñó más allá de esta ciudad y de su cordillera... pero no lo volvería hacer" y me bajé sin saber qué estación era.
La verdad es que sin duda por algo pasan las cosas, volví caminando el resto del camino; al llegar nos abrazamos, me preguntó si estaba bien a lo cuál contesté: Mejor que nunca!!!, con una sinceridad y sonrisa absoluta.
Dormimos ese día unas 6 hrs, y de nuevo al aeropuerto, el vuelo a BA salía a las 6 am y el viaje a penas comenzaba.