Acaso es indispensable ir tan lejos para amarte?, cuando es posible
hacerlo aquí mismo y ahora con el verbo
que conocemos, con la misma sustancia que nos une.
El Universo se colapsa cada vez que no te encuentro, el mundo se
desvanece cada noche de soliloquios en medio de la lluvia, si tus brazos no me
controlan, si tu voz no me tranquiliza, si tu mirada no me inquieta.
Debemos hacer un trato único pero no obsoleto como las promesas jamás
cumplidas y las decisiones mal tomadas... nos abrazamos toda la noche, nos
amamos en el día, nos recostamos en la hierba mojada y acariciamos el cielo con
un dedo, aprendemos a volar pero sobre todo a aterrizar y despegar.
Nos volvemos cómplices,
amigos seductores, amantes constantes, hacemos de lo efímero algo digno de
ser vivido, nos contamos cuentos y jugamos a ser eternos… aunque siempre sea
mucho tiempo, intentamos con todo y hasta lo que no tenemos correr con el
viento sin importar que tan lejos lleguemos, pues JUNTOS, JUNTOS habremos
vencido todos nuestros miedos.
Hagamos un trato con
nuestros ombligos, dejemos que sean nuestros besos los que callen nuestro enfado,
que los orgasmos sean la expresión más pura de la conexión entre almas y
cuerpos, que un suspiro sea como explicarle al mundo lo que vivimos… no como
anhelo sino como realidad, por lo menos en nuestros encuentros.
Déjame ser quien te cocine
los sentimientos y te provoque los mejores gemidos, hazme la cena con flores de
cerezos y cuídame los sueños… yo me comprometo a ser quien llore tus lamentos y
sonría a cada momento.
El instante no se ha ido,
podemos sujetarlo a nuestro pecho y revivirlo a diario cada vez que abramos los
ojos y nos veamos ahí, de pie a lado del espejo desnudos en el alma, en el
cuerpo en los sentimientos, nos mostraremos simples y complejos, solos y todos
los sustos que la vida nos provoca, pero nada importará… pues nuestras manos se
tomarán lo suficientemente fuerte, sin cortar la circulación de nada.
Hagamos este trato… una vez
más.
