En algún momento era común mirar
de forma discreta todo mi alrededor
mientras tenía los oídos ocupados y los pensamientos, aún más; con un libro
siempre en la mano y toda la templanza necesaria para andar sola a las 12 de la
noche por lugares no tan recomendables.
Me era sustancial un beso y
algunas manías sin fundamento persistían, también había menos horas de sueño y
muchas, muchas de desvelos.
Podría decirle a un desconocido
que tenía una linda sonrisa o sonreirle
al que estaba parado en el andén
contrario del metro.
Comía casi sin engordar pues
aunque la complexión siempre ha sido regordeta había áreas que no crecían; casi
nunca tenía los labios partidos, ni sufría de insomnio (no es que ahora sí,
pero no conocía el concepto de manera vivencial, en ambos casos).
Mis preocupaciones eran escasas,
y mis amores demasiados, podía amanecer en medio de un parque o me dormir
debajo de la noche sólo con una fogata y aquellos brazos que me tranquilizaban
o todo lo contrario.
Ahora… no es que eso no exista,
pero lo real, es que es algo diferente.
Pues ahora…
La música está destina en
carpetas que se disparan “aleatorias” en el tráfico, aunque casi siempre
determino de alguna manera cuál de ellas sonará, pues depende mucho del día de
la semana, la hora del día y del motivo en el corazón que me haga ir desde 80
km/hr a no más de 120; no es mucho quizá, pues en realidad la adrenalina puede
matarme y eso no me da miedo.
Hay un libro en el asiento trasero
del auto, otro en mi bolsa y un tercero en el buró a lado de mi cama, pero la realidad es que
aun así no leo como antes… eso es triste, qué hago al respecto: los lunes están
destinados para 2 hrs de lectura en un café diferente cada vez. La semana pasada
el chico que servía me dejó una nota en el recibo (algún día contaré lo que
decía y lo qué pasó después).
La falta de ejercicio constante,
los años y el consumo de algunas o varias cervezas se notan en las caderas; el yoga da elasticidad, los patines firmeza,
la elíptica ayuda al cardio, pero el sexo es lo que más favorece sin lugar a
dudas, junto con aquellas clases donde siento que el corazón se me sale por
esta falta de condición física pero no puedo mostrar debilidad alguna ya que
estoy al frente con la rutina que
yo misma odio y amo… algo raro.
Ahora, le sonrío al conductor de
a lado, o al chico lindo de alguna
esquina que hace malabares con trompos, aros, fuego… fuego es lo que me provoca
en la mirada y se lo hago notar; aunque
la realidad es que tiene como 10 años menos que yo.
De amores…
Quizá porque no hubo tiempo de
darme cuenta que no podía colorearme todos los rincones, pero sé que en el
fondo lo extraño y siempre habrá un “Hubiera”
en todos los sentidos dimensionales que su partida y sobre todo, su
decisión, significan.
Pero lo que me hace sonreírle hoy
y siempre a ese recuerdo, es que fue mi máxima prueba de amor hasta el momento
(si es que el amor en realidad las admite); pues no influí en sus decisiones,
lo amé con todo en ese corto tiempo y le di, estoy segura, todos los motivos
para recordarme siempre con la luna puesta en su cabeza y una gran sonrisa en
esos labios que me transformaban la moral.
Las historias siempre serán
recordabas y con el paso de tiempo un poco trastornadas, por mi falta de retentiva
y también de importancia en mi presente; sólo sé que he escrito un suave
tatuaje en las pieles de salvajes, que solo se ve debajo de sus párpados, y
eso, eso, no se quita ni con las intenciones de aliviar las mordidas que
dejaron en otros cuerpos por su falta de escrúpulos y ausencia de carácter, y
en algunos casos, por su comportamiento ligado a los principios, pero los casos
de este tipo fueron los escasos.
He desafiado los protocolos
sociales porque mi idea de AMOR es
profunda, intensa, mítica, tal vez soberbia y es cierto que algunos han llegado
a rozarme, otros a marcarme, pero solo uno a herirme de tal forma que a diario,
al pasar por aquel lugar todo en mí se estremece, duele.
Quisiera odiarlo pero no puedo,
porque mis emociones son más libres que mi lógica y puedo avanzar a diario porque
sé que “ese él” está ahí solo viéndome caminar y recorriendo con una mirada un
tanto lujuriosa mi silueta, porque a propósito buscará mis ojos y tomará mis
labios desde antes que yo sepa que ya son suyos… está vez sí para SIEMPRE…
Porque si siempre ha sido mucho tiempo, AHORA…
mí siempre no tiene conteos.

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