Dejo por aquí un relato que casi tengo la certeza de que se quedará aquí, encajonado en el buró de mis más preciados recuerdos.
Cómo quisiera saberte todavía leyéndome...
"Habían pasado más de 10 años, sin embargo, lo recordaba como si fuese mucho menos. Le vino justo a la cabeza en el momento que atravesaba la amplia sala de la terminal 2 del aeropuerto de la Ciudad de México, ese mensaje con dos palabras que en muchos sentidos le desconcertó en lo más profundo de su ser, no por lo que decía sino por lo que implicaba y las consecuencias que, a su parecer, traían consigo. Recordó subir a ese avión que lo llevaría a nuevas tierras, siguiendo sus sueños o quizá sus pesadillas, dejando atrás a todo y a todos, iniciando una vida nueva, diferente, en lo desconocido, con su encanto sin igual y sin embargo, con miedo.
Los primeros meses no fueron fáciles, ¿y que en la vida lo es? se preguntó a si mismo. No podía dejar de pensar en los últimas semanas antes de la partida, parecían momentos salidos de una novela que difícilmente salían de su mente, no se sentía orgulloso de él mismo, se reprochaba constantemente el haberse permitido vivir esa experiencia, no era arrepentimiento, eso le quedaba sumamente claro, solo sabia que había fallado, a él mismo principalmente. Pero también a más de una persona, eso le dolía y le atormentaba de alguna manera o quizá de muchas manera diferentes. Había perdido el control, lo cual siempre le atemorizó, se perdió en la profundidad de momentos irrepetibles e inimaginables, conoció, vivió y murió, sin quererlo, sucedió. Alguien en algún momento le dijo que para él había sido todo más fácil, que el se iba y dejaba todo atrás, y quizá fuese cierto.
Las conversaciones continuaban, o más precisamente pedazos de mensajes por ese lugar donde se encontraron por primera vez, cartas modernas y demás medios que tuvieron a su alcance. Conversaciones inconclusas que dejaban mutiladas las ideas, sentimientos y emociones.
Mientras tanto, el adaptarse a nuevos lugares y nuevas personas fue un proceso que le costó algún tiempo, se preguntaba constantemente si podría hacerlo, se esforzó más de lo que alguna vez se había esforzado para lograr sus objetivos, noches sin dormir, días sin luz y dolores de cabeza fueron una constante. Algunas noches cuando se dirigía a su casa la luna le miraba, la misma luna que tiempo atrás había sido testigo mudo de todo lo ocurrido, le seguía por donde iba, la miraba, recodaba y se preguntaba. Un día, en algún momento, un correo llegó, lo que leyó lo llevo a tomar una determinación, quizá no recordaba la frase exacta, solo una idea, "a veces hay que hacer lo que se tiene que hacer", y entonces lo supo, quizá fue la salida cobarde, sin dar explicaciones, ni disculpas (si es que caben) solo sabia que debía de hacer algo, simplemente no podía seguir así, lamentó no haber preguntado por las posibles consecuencias de sus actos y sin embargo, siguió adelante con lo planeado, dejando de visitar incluso ese lugar que solo ellos dos conocían y donde intercambiaron al inicio ideas y sentimientos, donde él la incitaba y ella lo inspiraba. Sabia que debía dejarlo atrás, fue una decisión egoísta, estaba consciente de ello, pero sabia que debía hacerlo, uno de los dos debía y decidió ser él, con todas sus implicaciones y consecuencias.
A veces la luna lo miraba, desconcertada, él solo la contemplaba y sonreía.
Entonces, volvió a la la sala del aeropuerto, al escuchar que aquella pequeña niña le gritaba -¡papá!-. Tomó su equipaje, regresaba a la ciudad que tantas cosas le había enseñado."
O-sep 2012

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